Según
un artículo publicado el 17 de agosto de 2006 en la versión en línea de
The Guardian, comparando el ADN humano con el de los chimpancés y otros
animales un grupo de científicos ha identificado la que podría ser la
región genética que nos vuelve humanos.
Este fragmento de ADN de
108 letras contiene dos genes que parecen controlar el desarrollo
cerebral. Según los investigadores, el asombroso ritmo de evolución
indica que podrían haber sido cruciales en el rápido crecimiento, en
cuanto a la complejidad y tamaño, del cerebro humano, dado que nuestro
cerebro es tres veces más grande que el de nuestros parientes más
próximos, los chimpancés.
La mayoría de las diferencias
existentes entre el genoma del chimpancé y el nuestro (alrededor de 15
millones) son aleatorias, cambios inconsecuentes que no marcan ninguna
diferencia en cuanto a apariencia o capacidades. Para separar los
cambios interesantes de los que apenas producen efectos, la Prof.
Pollard y sus colegas de la Universidad de California, Davis, buscaron
primero los fragmentos de ADN que son casi idénticos en ratones, ratas y
chimpancés. Los tres compartieron un antepasado hace unos 80 millones
de años, por lo que los científicos pensaron que cualquier región de ADN
que no hubiese cambiado mucho durante esos años debería ser crucial
para la supervivencia y los cambios en su secuencia podrían conducir a
problemas rápidamente eliminados por selección natural.
Luego,
contrastaron estas regiones que se mantuvieron casi idénticas con
ejemplares en los que el equivalente humano había cambiado mucho. Según
los expertos, lo bueno de esta técnica es que no necesitaron saber qué
hacía realmente el ADN. A la cabeza de la lista se encuentra una
secuencia de 108 letras llamada HAR1 (Human Accelerated Region 1) que
contiene dos genes. Esta región difiere en sólo dos cambios entre
chimpancés y pollos, que compartieron un antepasado común hace alrededor
de 310 millones de años. Sin embargo, aunque los humanos y los
chimpancés se separaron hace 5 millones de años se han producido 18
cambios.
“Ha habido una presión enorme durante millones de años
para mantener la secuencia como estaba. Después, algo pasó en nuestro
linaje”, afirma Pierre Vanderhaueghen, de la Universidad Libre de
Bruselas, en Bélgica.
Para desvelar las claves se añadieron, a
porciones de tejido cerebral de fetos humanos, sustancias químicas
diferenciadas por colores que se pegarían al producto de ARN producido
por los genes (los cerebros utilizados se obtuvieron de fetos abortados y
siempre con el consentimiento de las madres).
Los resultados,
publicados en la revista Nature, mostraron que uno de los genes se
expresa con fuerza en el neocórtex en desarrollo entre la séptima y la
novena semana del embarazo. “Se trata de un descubrimiento muy
interesante dado que se expresa en células que desempeñan un papel
fundamental en el diseño y desarrollo de la corteza de los mamíferos”,
afirma el coautor David Haussler, también de la Universidad de
California.

veo la fecha del ultimo comentario y veo ue en diciembre no hicieron nada, así que hay que hacer entradas para totalizar buen numero, y desde ya animo para el trabajo de investigación
ResponderEliminarGracias por tu consejo, lo llevaremos acabo
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